El 08/10 se conoció la adjudicación de AySA a un consorcio multinacional integrado por distintas empresas. Si bien la misma entrega de un recurso estratégico de la nación a la ineficiencia privada ya de por sí es condenable y –según relevaron los progresistas- está envuelta de irregularidades que la tornan ilegítima, el hecho implica una vulneración inaceptable para el honor, la seguridad y los intereses soberanos de la Patria.
No comernos la curva
Lo decimos en el canal hasta el cansancio y para muestra basta un botón: La privatización de AySA desnuda –una vez más- la complicidad de “progresistas” y “reaccionarios” en la defensa del neocolonialismo estructural.
Medios progres como “Página 12” o “El Destape” han divulgado durante los últimos cinco días diversos artículos en los que critican la medida entreguista haciendo hincapié en la subvaluación del activo estratégico y en la existencia de un presunto (y presumible) cohecho o tráfico de influencias, que surge de la vinculación directa de dos de las empresas adjudicatarias a LLA, a través de millonarios aportes de campaña. Surge de esto que critican las formas y no el fondo de la cuestión.
Lo que minimizan, disimulan o incluso invisibilizan los progres es que el holding apropiador está integrado en un 55% por un fondo de inversión llamado PHX Aqua, que fue constituido como sociedad en Londres, en agosto de este año, con el único objetivo de participar de la licitación del activo estratégico argentino.
En general los medios han minimizado el rol y la preponderancia de PHX Aqua en el consorcio apropiador y la han presentado como a una empresa de origen holandés (o neerlandés). Si bien el fondo madre de PHX, llamado Phoenix Global Investment Fund esta radicado en el paraíso fiscal de Curaçao, perteneciente al Reino de los Países Bajos, lo cierto es que los paraísos fiscales justamente han sido creados –entre otras cosas- para impedir o dificultar la trazabilidad de los capitales allí radicados, inviabilizando toda acción judicial. En conclusión: Se está entregando el manejo de un recurso estratégico y de vital importancia militar a un fondo buitre.
A nivel histórico, lo cierto es que la subordinación -o fusión- del poder colonial holandés al inglés es un proceso ininterrumpido que comenzó con la Revolución gloriosa de 1689 y concluyó con el desplazamiento de la VOC holandesa por la EIC inglesa y el traspaso del grueso de las colonias o áreas de influencia de una potencia a la otra. Dicho traspaso no fue necesariamente violento sino más bien basado en alianzas genealógico comerciales. Corporaciones como la Royal Dutch Shell plc son el resultado incestuoso de esta alianza.
El principal director de la Phoenix –e instigador de la apropiación de AySA-, Paul G. Parker, de gran trayectoria como pirata financiero en distintas entidades ya celebres en el estrangulamiento financiero de nuestra patria (J. P. Morgan, Barcalys, Goldman Sachs) ha construido su canallezca carrera sobre una lealtad inquebrantable a la corona británica, a la cuál sirvió en su juventud de forma directa, logrando el grado teniente en el arma de caballería de su ejército y a la cual sigue sirviendo de forma indirecta o disimulada.
En el directorio de la Pohenix, de cinco directores que tiene, tres son de origen británico. Resulta destacable –además de Parker- el caso de Antony Wicks Owers, cónsul honorario británico en las guaridas fiscales holandeses del caribe y galardonado –sin importar, al parecer, su origen británico- por la corona holandesa, con la orden de caballero en la Orden de Orange-Nassau
La Phoenix Global Investment Fund, al igualque la Shell –cuya matriz durante más de cien años figuró en La Haya, Países Bajos- se encuentra en realidad inyectada por capitales británicos que procuran ocultar su origen e intenciones, las cuáles son fundamentalmente geopolíticas: Asegurar posiciones de control y estrangulamiento a nuestras capacidades para asegurar la subordinación y garantizar el drenado de nuestras riquezas. No se trata entonces meramente de un negocio, tal cual sucede con el endeudamiento externo, sino de asegurarse una posición de fuerza con relación a una posible reactivación soberna argentina.

Asedio anglosionista a la patria.
Se conoce por asedio o sitio a un bloqueo prolongado de una fortaleza o ciudad para conseguir su rendición mediante la fuerza o el desgaste. Durante un sitio, el atacante busca cortar las líneas de abastecimiento de alimentos, agua y provisiones del hostigado procurando debilitarlo para forzar su rendición.
Existen registros arqueológicos que comprueban el uso de esta estrategia por lo menos desde hace 4000 años. El hallazgo en el yacimiento de Kurd Qaburstan (en el actual territorio iraquí) aportó la evidencia arqueológica directa más clara de una guerra de asedio a gran escala sucedida aproximadamente en el año 1780 a. C.
Si bien la correlación entre ataque y defensa en términos bélicos se calcula habitualmente (para la guerra convencional) en una proporción de 3 a 1, el asedio implica un control territorial y de las líneas de abastecimiento que claramente, dependiendo del alcance del sitio y su extensión en el tiempo, puede exceder con creces dicha ratio, si le sumamos a las fuerzas que establecen el bloqueo todas las implicadas en la retaguardia. Imaginemos la correlación requerida para asediar a un país con más de 5100 Km de longitud litoral como es el nuestro, en el extremo austral del mundo (a más de 7.000 Km de EEUU, a más de 11.000 Km de Inglaterra y a más de 12.000 Km de Israel).
Argentina, por otro lado, tiene una frontera terrestre cuya longitud supera los 9.000 Km y un extenso territorio interior, con riquezas inconmensurables, que prácticamente le permitiría sobrevivir a un sitio con lo propio. Aun así y teniendo la disposición geográfica a nuestro favor: ¿Qué pasa cuando, como en Troya, los agentes del enemigo se encuentran infiltrados en nuestro territorio? Y aún peor: ¿Qué pasa cuando los agentes del enemigo se han apoderado de los resortes institucionales o incluso, cuando los han diseñado?
Si bien la Constitución Neocolonial impuesta al pueblo argentino por los vencedores de Caseros ha entregado las vías fluviales de nuestra patria al usufructo extranjero, desde que asumió el régimen colonial de Javier Milei los yanquis se han hecho con el control directo del Paraná, el atlántico sur (que comparten con su madre patria) y nuestra proyección antártica. Los sionistas se han desplegado, a través de Mekorot (empresa estatal israelí de agua), en 12 provincias –casualmente la mayoría fronterizas- con las cuales han firmado “acuerdos de asistencia técnica” y en AMBA. Ahora los ingleses se suman al estrangulamiento hídrico de la Patria, apropiándose de AySA (empresa que abastece al AMBA, su corazón industrial / demográfico / urbano). ¿Quién necesita desplegar portaaviones contra un país cuyo régimen ha entregado todo?
Las potencias que obstaculizan el ejercicio de nuestra soberanía como pueblo, que atentan contra nuestra integridad territorial y que proyectan su poder sobre lo que nos queda de él, se aseguran las condiciones para estrangular cualquier proyecto nacional futuro, garantizándose las condiciones para quebrar la resistencia de su cabecera geopolítica: Control del agua potable, control de las vías navegables y control del litoral marítimo, asegurándose las condiciones para bloquearnos y matarnos de sed.

En Bolivia, durante la llamada “guerra del agua” transcurrida en el año 2000, un consorcio multinacional integrado por capitales de origen yanquis y españoles, llegó al extremo de prohibir a los cochabambinos recolectar agua de lluvia y elevó las tarifas en un 300%, el pueblo debió protagonizar una insurrección y echarlos a patadas. Imaginemos qué podría hacerles a los habitantes de la región más poblada de nuestra patria un consorcio encabezado por capitales ingleses ante un agravamiento de las tensiones bilaterales.
Es la geopolítica, estúpido.
El poder neocolonial e imperialista se ha basado históricamente en un doble discurso o una dualidad prescriptiva: Unas recetas son las que deben seguir las periferias (la barbarie) y otras las que deben seguir los centros (la civilización). Bajo esta dualidad es que Alberdi, en su Bases y puntos de partida… sostuvo con indignación que se debe: “conceder al extranjero el goce de todos los derechos civiles, sin la condición de una reciprocidad irrisoria” (2017, p 112).
Tanto los progres como los reaccionarios refuerzan el espejismo de soberanía, los unos embanderándose en defensa de “los consumidores”, tergiversan los derechos imprescriptibles de nuestra ciudadanía y nuestro ejercicio soberano, los otros procurando elevar el derecho de propiedad por sobre el derecho nacional y a la autodeterminación de nuestro pueblo. Ambos extremos desvían la atención de las mayorías –en una pelea impostada, tan real como la de titanes en el ring- para que no podamos identificar los verdaderos peligros que se conjugan contra nosotros y nuestra patria: el subyugamiento y el desmembramiento. Ahora suben al ring a “la justicia”, cuál caballero rojo, y lo lanzan en una quebradora contra a la corrupción oficialista, que se retuerce exageradamente en la lona cuál momia negra. Todo vale para que los espectadores no nos levantemos de nuestros asientos, no vaya a ser que nos animemos a copar el ring.
No es la corrupción ni la defraudación al fisco lo que importa. Ni son los tecnicismos de un sistema jurídico neocolonial -cuyo espíritu es contrario a nuestra soberanía-, ni el malversado sistema legal-constitucional parido por los triunfadores de Caseros, los que nos pueden sacar a flote. La propiedad indelegable de los resortes y recursos estratégicos de la nación (energía, comunicaciones, agua, logística, finanzas, etc), si queremos salvar la patria, deben ser del pueblo argentino y sólo el pueblo salvará al pueblo.
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