¿Palestina o Argentina? Titulaba un capítulo del libro “Der Judenstaat”, publicado en 1896 por Theodor Herzl, fundador del movimiento sinonista y un año después organizador del primer Congreso Sionista Mundial. Si bien Theodor comentaba en dicho libro con soberbia colonialista que “La actual infiltración de los judíos los ha disgustado (…) habría que explicar a la Argentina la diferencia radical de la nueva emigración judía”, lo cierto es que dicha explicación nunca llegó y actualmente parece más ausente que nunca. En un contexto en que se multiplican las denuncias tanto de argentinos como chilenos sobre una alarmante y creciente presencia de militares israelíes en el sur –a ambos lados de la cordillera- sin que se hayan emitido explicaciones oficiales y en el que escuchamos a un virrey que se ufana de ser “el presidente más sionista del mundo” repitiendo como vendedor de feria que “Argentina es la nueva tierra prometida”, vale preguntarse si el actual horizonte expansionista sionista no incluye tanto a Palestina como a la Argentina.
En una entrevista concedida a la radio Las Madres, el embajador palestino Riyad Alhalabi relató las gravísimas condiciones humanas en las que se encuentra la población de su país y cómo la misma desafía y resiste al genocidio – a cielo abierto y televisado – llevado adelante, por el ejército de ocupación israelí, bajo las órdenes de su primer ministro sionista y criminal, Benjamín Netanyahu.
También dio detalles de cómo la empresa de agua israelí Mekorot (Israel National Water Co.), aliada del gobierno sionista, utiliza ese recurso esencial para la vida, como estrategia para socavar y quebrar la voluntad de los palestinos, a través de la eliminación de pozos de agua y la prohibición absoluta del ingreso a Palestina de pastillas potabilizadoras del vital elemento. Obviamente, la intención es que los palestinos se mueran de sed, o que acepten, sin otra salida, la entrega total del territorio restante.
Ejemplo de cómo un recurso esencial es utilizado como arma de ocupación y de exterminio.
Cuando el agua deja de ser de todos
No se puede dejar de relacionar la reciente privatización de la empresa de aguas de Argentina -AySA- con lo que sucede actualmente con ese recurso en Palestina.
Más allá de los acuerdos oscuros y las sospechas de corrupción que rodean dicha privatización, lo realmente grave es la pérdida de soberanía del pueblo argentino en la administración del vital elemento. Se vuelve a dejar en manos extranjeras y de sus socios nacionales entreguistas y cipayos, la potestad de explotar un recurso que es del pueblo argentino.
El gobierno neocolonial de Javier Milei acaba de entregarla “en bandeja” a amigos y aliados por el término de treinta años, en este proyecto de degradación y disolución de la Nación Argentina.

Mekorot, un arma estratégica del sionismo
Desde noviembre de 2024, Mekorot asesora a AySA, que está a cargo del agua y del saneamiento de algunos municipios del conurbano, también de CABA y de una importante cantidad de provincias.
Gracias al impulso de entrega y claudicación ante el poder sionista y neocolonial de personajes como, por ejemplo, el ex ministro del Interior Wado de Pedro, la empresa israelí se ha hecho cargo también de las funciones fundamentales para que los argentinos contemos con agua potable y cloacas, es decir, nuestra calidad de vida está, ni más ni menos, que en manos de una empresa que deja morir de sed a los palestinos, para quebrar la voluntad de esa nación y apoderarse de su territorio.
Mekorot no está en nuestra patria para “colaborar” con su tecnología. Es la mejor estrategia del plan sionista para transformar a nuestra Argentina en una “nueva tierra prometida”, esa que los habilite a una futura ocupación territorial. Igual que en Palestina.
Con el poder de establecer tarifas para el recurso vital del agua, nuestra agua, puede establecer una especie de apartheid hídrico -quien puede tenerla y quien no-, y avanzará en la apropiación de los ecosistemas más elementales y estratégicos.
Por eso es urgente que recuperemos la soberanía de nuestros recursos naturales y la soberanía territorial y ambiental; que trabajemos por una nueva política nacional y soberana que no dé lugar a cualquiera que se arrogue el poder de representarnos si no cumple con el mandato sagrado de su pueblo.
Y visibilizar este tipo de maniobras y acuerdos que se firman de espaldas a nosotros, el pueblo argentino, es más que indispensable para comenzar la resistencia y la lucha que tenga como fin de terminar con estas políticas de coloniaje y de sometimiento al poder sionista e imperialista internacional.
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